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Agazapado en mi memoria esta mi suerte
exasperado por un cumulo de dudas
el terciopelo de mi encanto se mancho
por el color desorbitado del dolor
ensimismado en la prisión de mi amargura.
El brillo ambiguo de un insípido puñal
que hiere el alma con el miedo del martirio
resaca eterna de el candil de hipocresia
en el bosquejo del clamor de una mentira
que me deslumbra en el letargo del olvido.
Siempre soñando sin lograr el despertar
el ciclo abierto del despojo clandestino
siguien
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Para borrar esta angustia,
que carcome trozo a trozo,
la animada materia
y convierte el grito,
en un violento susurro.
Para secar esas lagrimas visibles,
con el invisible pañuelo
de mi palabra,
y llegar hasta el centro,
irradiando luz.
Voy a entregar a la pira,
los sueños viejos,
y esperare paciente,
la esperanza niña,
que me dejara este hoy de nostalgia.
Voy a buscar el desafio
en la ternura,
para esconder el rostro,
en su plumaje,
voy a hincar en el barro,
mis rodilla
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De tener que por ti llorar un día,
serían mis lágrimas dulces como miel,
otro sabor no se condeciría
con la delicia del amor aquel.
Que nos hizo vibrar, nos dio ternura
que nos hizo sufrir, nos dio dolor
que al brindarnos pasión, nos dio locura
y nos llenó de goces y estupor.
Ese llanto, inundaría mi alma
de néctares puros, casi divinos,
como todo lo que a ti yo supe darte.
Y en él encontraría seguro, calma,
que a mi lado recorrería caminos,
mientras llorando, podría recordart
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Son memoria nuestro rígidos de ayer,
a pesar te asomas en mi cuarto
y aun todo contigo comparto.
Tal vez no es amor, pero es querer.
Juntos los cuerpos aun hallan placer,
nos damos hasta el punto del llanto.
Querer en esta forma tiene encanto,
nuestros ojos, el final no quieren ver.
Hay una verdad que nos espanta,
se conjuga a la luz de la tormenta.
El contraste de edad todo estropea
que no nos deja reír nuestras dichas,
hasta nuestra risas ya están dichas,
Al amor náufrago, e
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En mi perdido paraíso, también hay ocaso.
La flecha seguirá hasta el destino final,
trazó por donde voy, pero ahora ya me canso.
Es el fin del festín y también de mi oda pasional.
A pesar del agua en el jarrón, mueren las flores,
están caída y mustia, que acrecienta mi pena,
al verse triste y marchitas sin brillos ni colores,
todas me reclaman, hasta la selvática azucena.
Consiente soy que nada es siempre ni imperecedero,
así rige el universo, matando va toda soberbia.
La muerte, l
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